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La expresión corporal, facial, y el habla nos ayudan a comunicar lo que sentimos. Hay veces, que simplemente se acumula tensión o estrés y necesitamos dar un paseo, hablar con un amigo o incluso llorar.

Seguro que nos ha pasado que hay momentos en los que necesitamos llorar. Es una liberación y sobre todo si podemos hacerlo en los brazos amorosos de otra persona. Los sentimientos de los niños son tan intensos como los nuestros. La diferencia recae en que cuando somos pequeños, disponemos de pocos recursos para expresar nuestros sentimientos y comunicarnos y el llanto para ellos, es una válvula de escape en todos los sentidos.

Hay quienes tienen la opinión de que los bebés usan el llanto para manipular a los padres y que responder a sus llantos solo produce niños malcriados. Pero está más que demostrado que las necesidades de los bebés son reales y que lloran por motivos reales.

Muchos de nosotros cuando escuchamos a un bebé llorar, nos angustiamos, nos tensamos y deseamos con todas nuestras fuerzas que deje de hacerlo. Generalmente, pensamos que al bebé le ocurre algo malo y no dejamos que se desahogue. Nuestra primera recomendación es empezar por aceptar el llanto y pensar que a todos nos sienta bien de vez en cuando un buen berrinche.

En el caso de bebés y niños, el llanto puede estar provocado por motivos muy variados. Casi todos somos capaces de reconocer un llanto agudo de dolor, pero la interpretación de otros tipos de lloros y agitaciones ya son más complicadas. En este caso lo mejor será conocer a fondo el lenguaje corporal de nuestro bebé. Una escucha activa y comprensiva requiere de una gran dosis de amor y respeto hacia el niño.  En este aspecto, puede ser buena idea realizar un masaje a diario a tu bebé, que será un gran aliado para conocer, ver reacciones y entender su forma de comunicarse con nosotros.

Debemos ser conscientes de que el llanto libera hormonas que reducen la tensión del niño y el nivel de excitación. No solo expresa dolor o malestar, sino que es una forma innata de tratar el estrés y también un mecanismo de curación.

Ahora bien, hay veces, que es un poco complicado no perder los nervios o tensarnos ante estas situaciones. Si es tu caso te proponemos que hagas lo siguiente:

– Respira lenta, larga y profundamente. Relaja tu cuerpo. No te pongas rígido/a. Si no te ves capaz, deja el bebé con otro adulto durante 5 minutos y tómate tu tiempo para relajarte y retomar con otra “actitud”.

– Empatiza con tu bebé.  Establece contacto visual. Si tu bebé lo evita, coloca tus manos, con suavidad pero firmeza sobre tu bebé y conecta con él por el tacto.

– Trasmítele con tu voz, tus ojos y tus manos que estás dispuesta a escucharlo y a entenderlo. Nuestro tono muscular trasmite más de lo que pensamos y podemos estar proyectando una tensión o nerviosismo que no servirá para calmarlos. Se receptiva, observa el lenguaje de su cuerpo y lo que quiere expresarnos con sus ojos y su boca.

– Cuando lo “escuches de verdad”, abrázalo o mécelo manteniéndote relajada.

Y hasta aquí la entrada de hoy. Si tenéis cualquier duda o consulta no dudéis en contactarnos.

Elena C.

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